Ave María
Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
La primera parte proviene del saludo del arcángel Gabriel (Lc 1,28) y de Isabel (Lc 1,42). La segunda parte se fue añadiendo gradualmente desde el s. XII. La forma actual fue fijada por el Catecismo Romano de 1566.
Salve Regina
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva.
A ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
Atribuida a San Bernardo de Claraval (s. XII), aunque su autoría es discutida. Es la antífona mariana del Tiempo Ordinario y se reza al final del Rezo de las Completas y del Santo Rosario.
El Magnificat (Cántico de María)
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me llamarán bienaventurada
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega
a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Lucas 1,46-55. Es el cántico que María pronunció al visitar a su prima Isabel (Lc 1,39-56). La Iglesia lo reza diariamente en las Vísperas (Liturgia de las Horas).
El Ángelus
V. El ángel del Señor anunció a María.
R. Y ella concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oremos: Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas,
para que, los que hemos conocido, por el anuncio del ángel,
la Encarnación de tu Hijo Jesucristo,
lleguemos por los méritos y la intercesión de la Virgen María,
a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
El Ángelus se reza tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer. Durante el Tiempo Pascual se sustituye por el "Regina Caeli". El Papa lo reza públicamente los domingos al mediodía desde el Vaticano.
El Memorare
Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a vuestra protección,
implorado vuestro auxilio
y reclamado vuestro socorro,
haya sido abandonado de vos.
Animado con esta confianza,
a vos también acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes;
a vos vengo, ante vos me presento, pecador arrepentido.
No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo de Dios,
sino escuchadlas y acogedlas favorablemente. Amén.
Atribuida a San Bernardo de Claraval (1090-1153), aunque fue popularizada en el s. XVII por el sacerdote francés Claude Bernard. Es una de las oraciones marianas más confiadas de la tradición cristiana.
El Santo Rosario — Guía completa
CÓMO REZAR EL ROSARIO
1. El Credo de los Apóstoles
2. Un Padrenuestro
3. Tres Avemarías (por la fe, esperanza y caridad)
4. Un Gloria
Para cada uno de los 5 misterios:
→ Anunciar el misterio
→ Un Padrenuestro
→ Diez Avemarías meditando el misterio
→ Un Gloria
→ Jaculatoria de Fátima (opcional):
"Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados..."
5. Al final: la Salve Regina
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LOS VEINTE MISTERIOS DEL ROSARIO
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MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado)
1. La Anunciación del Ángel a María
2. La Visitación de María a Santa Isabel
3. El Nacimiento de Jesús
4. La Presentación de Jesús en el Templo
5. El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
1. El Bautismo de Jesús en el Jordán
2. Las Bodas de Caná
3. El Anuncio del Reino de Dios
4. La Transfiguración de Jesús
5. La Institución de la Eucaristía
MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)
1. La Oración de Jesús en el Huerto
2. La Flagelación de Jesús
3. La Coronación de Espinas
4. Jesús cargando la Cruz
5. La Crucifixión y Muerte de Jesús
MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo)
1. La Resurrección de Jesús
2. La Ascensión de Jesús al Cielo
3. La Venida del Espíritu Santo (Pentecostés)
4. La Asunción de María al Cielo
5. La Coronación de María como Reina del Universo
El Rosario fue promovido por Santo Domingo de Guzmán (s. XIII) y sistematizado por los dominicos. Los Misterios Luminosos fueron añadidos por Juan Pablo II en 2002 en la carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae".
Bajo tu Amparo (Sub Tuum Praesidium)
Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios.
No deseches las súplicas que te dirigimos
en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre
de todos los peligros,
¡Oh Virgen gloriosa y bendita!
Es la oración mariana más antigua conocida. Un papiro copto del s. III o IV la contiene. Es la primera oración que llama a María "Madre de Dios" (Theotókos). Se reza en las Completas del Rito Romano.
Regina Caeli (Reina del Cielo)
Reina del cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor a quien has merecido llevar, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
V. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya.
R. Porque el Señor ha resucitado verdaderamente, aleluya.
Oremos: Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo Jesucristo
diste alegría al mundo entero,
te pedimos que por intercesión de su Madre, la Virgen María,
alcancemos los gozos de la vida eterna.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Antífona mariana del Tiempo Pascual (desde la Vigilia Pascual hasta Pentecostés), en sustitución del Ángelus. Su origen data del s. XII. El Papa la reza públicamente los domingos de Pascua.
Consagración a la Virgen María (San Luis Grignion de Montfort)
Yo, (nombre), pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en tus manos
los votos de mi bautismo;
renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras,
y me doy enteramente a Jesucristo,
la Sabiduría encarnada,
para llevar mi cruz en su seguimiento todos los días de mi vida,
y para serle más fiel que hasta el presente.
Yo te elijo hoy, oh María,
en presencia de toda la corte celestial,
por mi Madre y Señora.
Te entrego y consagro, en calidad de esclavo,
mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores,
y el valor mismo de mis buenas acciones pasadas,
presentes y futuras;
dejándote pleno y entero derecho de disponer de mí
y de todo lo que me pertenece, sin excepción,
según tu beneplácito,
para la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad. Amén.
Formulada por San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716) en su obra "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen". Juan Pablo II adoptó esta consagración y eligió el lema "Totus Tuus" (Todo Tuyo, refiriéndose a María).